V Curso de Psicofarmacología y Neurociencia SEPB

El pasado 29 de agosto falleció en Rosas Juan Gibert-Rahola, médico y catedrático de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cádiz. La triste noticia nos envolvió de una inmensa pena a todos los que lo conocíamos y compartimos su vida personal y profesional. Socio de Honor de la Sociedad Española de Psiquiatría y de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica, estuvo siempre en primera línea de la investigación psicofarmacológica en España con un amplio reconocimiento internacional.

No dábamos crédito a que nos había dejado de repente, para siempre, un hombre excepcional, singular, que dedicó su vida a la docencia y a la investigación en la Universidad de Cádiz, pero de una manera diferente a lo habitual, creando escuela y dejando un camino abierto a las nuevas generaciones, todo un ejemplo.

Juan era amigo, compañero, mentor y, en los últimos años, un consejero amable, cercano y paciente para todos aquellos jóvenes y no tan jóvenes con vocación investigadora o docente que se acercaban a él.

Su carrera investigadora se construyó sobre la firme creencia de que la investigación clínica y básica en Psiquiatría y Psicofarmacología debían ir de la mano. Era un excelente docente que sabía comunicar los más recientes descubrimientos científicos en neurociencias de una manera fácil, comprensible tanto para especialistas como para sus alumnos de Medicina, que adoraban sus clases. Tener una tutoría con el profesor Gibert-Rahola era una experiencia inolvidable para los alumnos. Profesor Emérito de la Universidad de Cádiz, seguía dirigiendo tesis doctorales, así como trabajos de fin de grado y máster, disfrutaba con ello y siempre tenía una idea novedosa que desarrollar.

Estaba convencido de que la docencia en Medicina tenía que acercarse a la clínica con una fuerte fundamentación básica, era innovador e intentó, y ciertamente a veces consiguió, cambiar algunos aspectos de la Universidad desde la gestión, ocupando cargos como Vicerrector de Ordenación Académica o Decano de Medicina.

Pero detrás de este hombre incansable profesor e investigador, había otro que también siempre recordaremos por cariñoso, simpático, elocuente, buen cocinero, amante de la fotografía y marinero, a veces en tierra y otras en la mar. El mar de Cádiz lo envolvió con la sal del Atlántico, siendo como era un hombre del Mediterráneo, y le cautivó hasta quedarse a su lado para siempre. Esa ciudad que Juan adoraba le reconoció como un gran médico, profesor y hombre de ciencia, pero también como un excepcional gaditano de adopción.

Su desconsolada familia: Eva, su mujer, y Juan y Adela, sus hijos, a los que trasmitimos todo nuestro sentimiento y pesar, saben que Juan era sobretodo un buen padre de familia y esposo. Nunca les faltó su amor y sus cuidados.

Juan Gibert-Rahola será recordado siempre por quienes tuvimos el privilegio de compartir su vida. No hay una sola palabra para definirlo, pero sí una frase: vivió la vida que quiso vivir y la compartió con quienes quería y amaba. Su recuerdo será imborrable.

Descanse en paz.

 

Juan Antonio Micó

Catedrático de Farmacología

Universidad de Cádiz